Los lunares son esos puntitos en nuestra piel que forman parte de nuestra personalidad, y hay algunos tan coquetos que hasta son el tema central de algunas canciones. Sin embargo, debemos ponerles atención, porque bajo ciertas condiciones pueden representar un problema para nuestra salud. Seguramente has escuchado que hay lunares ‘malos’, y para salir de dudas, en esta ocasión te daremos algunas pistas para que distingas uno ‘malo’ de uno común.

¿Qué es exactamente un lunar?

Para entender mejor cómo se forma un lunar, es necesario saber qué son los melanocitos. Son células que normalmente se encuentran distribuidas en nuestra piel y le dan su color debido a que producen melanina. Los lunares son el resultado de la agrupación o aglomeración irregular de estas células, lo cual no necesariamente significa que haya algún riesgo para nuestra salud.

Así es un lunar común

El típico es de color marrón, aunque también pueden ser rojos, azules o rosados. Los hay planos y abultados. Incluso existen algunos en los que se observa vello. La mayoría son ovalados o redondos, y su tamaño generalmente no excede los 6 milímetros de diámetro. Hay quienes llegan a tener entre 10 y 40 en todo su cuerpo. Suelen aparecer en la niñez y pueden desaparecer con el tiempo o hacerse más grandes u oscuros por cambios hormonales en la adolescencia o el embarazo.

Guía ABCDE

Es así como se le conoce al conjunto de aspectos que se evalúan en un lunar o mancha para determinar si se trata de un lunar ‘malo’ (melanoma u otro tipo de cáncer de piel):

Asimetría: si se divide imaginariamente el lunar por la mitad, una parte es distinta a la otra.

Borde: cuando se trata de un lunar abultado, los bordes son irregulares, con cortes u ondas.

Color: el lunar tiene un color irregular o de tener un color cambia a otro.

Diámetro: mide más de 6 milímetros o ha cambiado de tamaño.

Evolución: cambia de forma, textura y color (se vuelve más oscuro), o empieza a producir picazón o sangrado.

Si notas algo fuera de lo común, consulta de inmediato a un dermatólogo.