Actualmente, muchas personas están preocupadas en cuidar su aspecto físico, pero ¿cuántas cuidan su salud mental? Asistir a terapia es totalmente normal; sin embargo, quienes lo hacen siguen siendo objeto del estigma social, y no solo eso, constantemente nosotras mismas, de manera inconsciente, frivolizamos los padecimientos con una connotación negativa, lo que hace que la persona que está interesada en pedir ayuda sienta que hay algo incorrecto en ella. 

Para tener un mejor contexto, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2020 la depresión será la segunda causa de discapacidad en el mundo, y la primera en países en vías de desarrollo como México. Por lo anterior, es hora de dejar de minimizar estos problemas.

¿Cuándo acudir a terapia?

Si tienes un dolor físico y tomas algo que antes te había funcionado, pero esta vez no ha surtido el mismo efecto, ¿qué haces? Generalmente vas con un especialista que pueda ayudarte. Igual pasa con la mente, acudes a terapia cuando las soluciones de compromiso y los “parches” que te has puesto tú misma no están funcionando. Por eso, te recomendamos que asistas con un profesional de la salud mental cuando hayas probado todos tus recursos, y a pesar de eso te sientas rebasada.

Cada persona es un mundo, y si bien los beneficios de asistir a terapia son completamente personales, te compartimos algunos que consideramos los principales:

✦ Te ayuda a sentirte mejor: puedes hablar con confianza y libertad ante alguien que no te juzga, llegar a expresar esos pensamientos y sentimientos que creíste que nunca saldrían a la luz. Esto es beneficioso para liberar la pesada carga de ocultarlos, con el único objetivo de buscarles solución.

✦ Obtienes herramientas para manejar mejor los conflictos: estos son algo común en la vida de cualquier persona, y la terapia te aporta nuevas maneras (más objetivas) de solucionarlos y que ya no tengan el poder de afectarte. Incluso, ir a terapia te ayuda a que la comunicación con todo tu entorno mejore.

✦ Aprendes a vivir en armonía contigo y con otros: quizás llevas un tema arrastrando por años, intentando una y otra vez las mismas soluciones. Las preguntas del terapeuta pueden cambiar la forma en que te cuentas el problema a ti misma, llevarte a la introspección, a  conocerte a profundidad y entenderte. Si estás bien contigo, inevitablemente estarás bien con aquellas personas que te importan.

✦ Estás con un profesional: como hemos mencionado anteriormente, tu terapeuta jamás va a juzgarte, a diferencia del papel que toma alguien cercano a ti, quien inevitablemente antepone sus creencias. Además, todo lo que sucede en ese espacio es seguro, se trata de una charla entre tú y una persona que tiene la formación necesaria para lograr que seas dueña de ti misma, conocer tus propias herramientas, aclararte algunos caminos y movilizar tu capacidad de actuar.

La decisión de solicitar ayuda profesional no es fácil, y quizás tampoco es rápida, pero si te has animado a ir a terapia, ten por seguro que es una buena idea. La terapia no te cambia, te da las herramientas necesarias para elegir; tampoco “te cura”, te curas tú misma, día a día. Es un proceso que lleva tiempo, pero son cambios en tu estructura vital; logras redecorar tu vida, reencuentras la responsabilidad de tu existencia, resuelves y crees en ti.

Es momento de dejar de autosabotearte, estigmatizar y minimizar, es momento de actuar.